Universidad de Las Américas aporta a investigación internacional que analizó el consumo de drogas en 17 países durante la pandemia de Covid-19

Andressa Reis,académica investigadora del Instituto de Ciencias Naturales de Universidad de Las Américas (UDLA),

  • La investigación analizó aguas residuales de 17 países para detectar el impacto que tuvieron las políticas restrictivas de salud pública durante el periodo 2019-2022 en el uso de estimulantes.

 

 

Un estudio que analizó el consumo de drogas durante la pandemia, en las aguas residuales de 17 países, determinó que el uso de estas sustancias no cambió significativamente en la mayoría de los lugares a pesar de las restricciones establecidas para controlar el Covid-19 —como distanciamiento social, suspensión de eventos y confinamientos—, e incluso aumentó bajo las medidas más estrictas.

 

El trabajo contó con la participación de expertos de distintas partes del mundo, entre ellos la académica investigadora del Instituto de Ciencias Naturales de Universidad de Las Américas (UDLA), Andressa Reis, quien destacó que “la pandemia sirvió como estudio de caso para profundizar en el potencial de la epidemiología basada en aguas residuales (WBE, por sus siglas en inglés, Wastewater-Based Epidemiology). Esta metodología demostró ser una fuente complementaria clave para orientar políticas públicas y tomar decisiones, a partir del análisis de las variaciones en el consumo de drogas durante dicho periodo”.

 

Los resultados señalan que el uso de metanfetamina mostró la mayor disminución a medida que aumentaba la rigurosidad de las políticas, “con una relación lineal negativa observada en el 19% de las ciudades, seguida por 3,4-metilendioximetanfetamina o MDMA (18%), cocaína (15%) y anfetamina (6%)”, sostiene la investigación, que indica que las restricciones a las reuniones sociales afectaron, principalmente, al consumo de cocaína y MDMA, mientras que la utilización de metanfetamina bajó en mayor medida bajo restricciones de viaje estrictas.

 

Los datos de epidemiología basada en aguas residuales (WBE) fueron recopilados entre 2019 y 2022 en 47 plantas de tratamiento (Wastewater Treatment Plant, WWTP) en Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, Chipre, España, Estados Unidos, Finlandia, Grecia, Italia, Letonia, Lituania, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal y Reino Unido.

 

La WBE es una herramienta analítica de salud pública que analiza muestras de aguas residuales para rastrear la presencia de sustancias. Las concentraciones de biomarcadores humanos relacionados con estilo de vida y salud pública —como estimulantes o productos farmacéuticos — se miden en las aguas residuales afluentes y se convierten en cargas másicas normalizadas por población (PNML, expresadas en mg/día/1000 habitantes). Para ello se consideran el caudal de aguas residuales y el tamaño de la población atendida por la planta. El procedimiento posibilita comparar ubicaciones con poblaciones equivalentes y sirve como indicador indirecto del consumo, tanto dentro del país como entre distintas naciones, aplicándose con éxito en la última década para entregar información cualitativa y cuantitativa objetiva sobre consumo de drogas.

 

En el estudio internacional “Evaluación del potencial de la epidemiología basada en aguas residuales para evaluar el impacto de los cambios en las políticas de COVID-19 sobre el consumo de estimulantes en 17 países”, que consideró una colaboración nacional con el investigador Cristóbal Galbán-Malagón de la Universidad Mayor y la investigadora Francisca Corthorn del Laboratório Corthorn Health, se recopilaron datos de WBE sobre consumo de anfetamina, cocaína (en su metabolito benzoilecgonina), metanfetamina y 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA), con el propósito de evaluar el impacto de la severidad de los cambios de política inducidos por la pandemia sobre las tendencias de consumo.

La investigadora UDLA Andressa Reis explicó que los datos “fueron comparados con el índice de rigurosidad del Oxford COVID-19 Government Response Tracker (OxCGRT) y sus subíndices” y que, si bien varios estudios de caso de WBE han investigado el impacto de la pandemia sobre el consumo de estimulantes, “este es uno de los primeros estudios en situar estos hallazgos en un contexto internacional e incluir datos de nuevos sitios”.

 

Otros resultados son que, en el caso de la cocaína, el consumo fue mayor, en promedio, en 68% de las plantas durante los fines de semana. En el resto (32%) no hubo diferencias significativas en días laborales y fin de semana. Respecto de la anfetamina, solo se halló un efecto significativo de mayor consumo en fin de semana en el 9% de 32 WWTP. En cuanto a la MDMA, en 41% de las WWTP se halló mayor consumo en fin de semana. Finalmente, el consumo de metanfetamina se mantuvo igual durante los días laborables y el fin de semana.

 

Resultados en Chile

 

En Chile, el caso de la cocaína, se observó una asociación positiva entre la rigurosidad de las medidas y las cargas normalizadas, lo que sugiere un aumento del consumo a medida que se incrementaba la rigurosidad de las restricciones. Este patrón también se registró en otras ciudades, como Edmonton (Canadá) y Taupo (Nueva Zelanda).

 

Sobre las posibles razones, la investigadora UDLA Andressa Reis explicó que “este resultado debe interpretarse con cautela porque corresponde a una sola planta en Chile, por lo que no puede extrapolarse a todo el país. Se trata de hipótesis que requieren más estudios”.

 

A lo que agregó que, durante los confinamientos, muchas personas que trabajaban o estudiaban fuera de la comuna permanecieron en sus hogares, por lo que una mayor parte de su consumo pudo quedar registrada en las aguas residuales locales. También es posible que el consumo se haya trasladado del ocio nocturno al ámbito doméstico, y que el estrés y el aislamiento de la pandemia hayan influido en algunos grupos. A ello se suma que la cercanía con los países productores y el uso de rutas terrestres pudieron hacer que la disponibilidad de cocaína se viera menos afectada por las restricciones de viaje que la de las drogas sintéticas”. La académica destacó que “estos resultados muestran el valor de la vigilancia de aguas residuales como apoyo a la salud pública”.

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