Dra. Andrea Mahn Ciencia aplicada con impacto: De la investigación a la industria

 

En un contexto donde la educación superior en Chile enfrenta el desafío de adaptarse a una economía cada vez más tecnológica y global, la formación de profesionales para una industria inteligente se vuelve clave. Esto exige avanzar hacia modelos educativos más flexibles, interdisciplinarios y conectados con el sector productivo.

En este escenario, la Universidad de Santiago de Chile cumple un rol relevante en la articulación entre ciencia, innovación y desarrollo industrial. Desde ahí, la Dra. Andrea Mahn ha impulsado una trayectoria centrada en la biotecnología de alimentos, la transferencia tecnológica y la vinculación con la industria.

Su mirada refleja los principales desafíos actuales: fortalecer la conexión entre academia y sector productivo, formar capital humano avanzado y promover una educación más inclusiva. Esta entrevista aborda su visión sobre cómo preparar profesionales capaces de enfrentar los cambios y liderar el desarrollo de una industria más innovadora y sostenible.

 

Trayectoria, investigación y vinculación con la industria

¿Cuáles han sido los hitos más relevantes en su trayectoria como investigadora en el Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos de la Universidad de Santiago de Chile y cómo han definido su actual línea de trabajo?

En mi trayectoria en la Universidad de Santiago de Chile destacaría tres hitos principales. El primero fue la consolidación de mi línea de investigación en biotecnología de alimentos, especialmente en la valorización de compuestos bioactivos, lo que me permitió conectar la ingeniería de procesos con el impacto en la salud y el bienestar.

Un segundo hito ha sido el liderazgo de proyectos de investigación competitivos, que no solo han contribuido a la generación de conocimiento, sino también a la formación de capital humano avanzado y al desarrollo de redes de colaboración.

Finalmente, la generación de patentes y el vínculo con la industria marcaron un giro hacia una investigación más aplicada, orientada a la transferencia tecnológica y a resolver desafíos concretos.

En conjunto, estos hitos han definido mi línea de trabajo actual, situada en la intersección entre biotecnología, alimentos funcionales e innovación, con un énfasis claro en el impacto real de la ciencia en la industria y en la calidad de vida de las personas.

 

¿En qué áreas específicas se concentran hoy sus investigaciones y qué impacto concreto están generando en la industria alimentaria y de bioprocesos?

 Actualmente, mis investigaciones se concentran en biotecnología de alimentos, particularmente en la valorización de compuestos bioactivos, el desarrollo de alimentos funcionales y el diseño de bioprocesos más eficientes y sostenibles.

En estos ámbitos, buscamos que los resultados no queden solo en el laboratorio, sino que puedan transferirse a la industria. Esto se traduce en el desarrollo de tecnologías, patentes y colaboraciones que permiten, por ejemplo, generar ingredientes con valor agregado, mejorar procesos productivos o avanzar hacia alimentos con beneficios concretos para la salud. Ese vínculo con el sector productivo es clave para aumentar la competitividad y sofisticación de la industria alimentaria.

Al mismo tiempo, creo que este tipo de investigación también tiene un impacto a nivel de sistema. Desde la academia, y especialmente desde espacios de liderazgo en la Universidad de Santiago de Chile, es posible impulsar una ciencia más conectada con los desafíos del país, pero también más diversa e inclusiva. En ese sentido, avanzar en mayor participación de mujeres en investigación, innovación y toma de decisiones no es solo una cuestión de equidad, sino también de calidad y pertinencia de la ciencia que estamos desarrollando.

Desde su experiencia, ¿cómo evalúa el nivel de conexión actual entre la investigación académica y las necesidades del sector productivo en Chile?

Desde mi experiencia, la conexión entre la investigación académica y el sector productivo en Chile aún es incipiente. Si bien ha habido avances en los últimos años, en muchos casos la academia sigue operando bajo un enfoque de technology push, es decir, desarrollando soluciones desde la lógica científica que luego se intentan transferir, lo que limita las posibilidades de adopción real.

Para avanzar hacia una mayor efectividad en la transferencia tecnológica, es necesario transitar hacia un enfoque de technology pull, donde la investigación se origine a partir de las necesidades concretas de la industria. Esto implica una interacción más temprana y sistemática entre ambos mundos, desde la identificación del problema hasta el desarrollo de soluciones, con un diagnóstico claro y compartido.

En ese sentido, no se trata solo de fortalecer los mecanismos de transferencia al final del proceso, sino de repensar cómo se genera la investigación desde su origen. Ahí las universidades, como la Universidad de Santiago de Chile, tienen un rol clave en promover una cultura de colaboración más estrecha, que permita avanzar hacia una innovación más pertinente, aplicada y con mayor impacto en el desarrollo productivo del país.

 

Educación superior: Desafíos y proyección global

 ¿Cuáles son hoy los principales desafíos que enfrenta la educación superior en Chile, especialmente en áreas STEM?

Hoy la educación superior en Chile enfrenta desafíos importantes, y en áreas STEM estos se vuelven aún más visibles. Uno de los principales tiene que ver con las brechas de género, que no solo se expresan en el acceso, sino también en la permanencia y proyección de las mujeres en estas disciplinas.

Persisten estereotipos y roles de género que influyen desde etapas tempranas y que luego se traducen en mayores tasas de deserción o menor participación femenina en ciertas áreas. A esto se suman condiciones estructurales que aún no están suficientemente resueltas, como la conciliación entre vida académica y responsabilidades de cuidado. Avanzar en medidas concretas —como acceso a salas cuna, redes de apoyo o políticas de corresponsabilidad— es clave para generar condiciones más equitativas.

Otro desafío relevante es el ámbito cultural. Muchas veces persisten micromachismos o sesgos que no siempre son visibles ni reconocidos, pero que inciden en la experiencia formativa y profesional de las mujeres. Por eso, además de políticas, se requiere un trabajo activo de concientización dentro de las comunidades universitarias.

Finalmente, es fundamental fortalecer la presencia de referentes femeninos en STEM. Visibilizar trayectorias y liderazgos no solo tiene un impacto simbólico, sino también concreto en las decisiones de las nuevas generaciones.

Desde instituciones como la Universidad de Santiago de Chile, el desafío es avanzar de manera integral: no solo promoviendo el acceso, sino generando entornos que permitan a más mujeres desarrollarse plenamente en ciencia, tecnología e innovación.

¿Cómo deberían evolucionar las mallas curriculares para responder a un entorno profesional cada vez más tecnológico y globalizado?

Las mallas curriculares deben evolucionar hacia una formación mucho más flexible, conectada y pertinente a los desafíos reales del entorno. Hoy no basta con una base disciplinar sólida; es fundamental incorporar tempranamente la interacción con el sector productivo, social y público, de manera que el estudiantado comprenda desde el inicio el contexto en el que aplicarán sus conocimientos.

En ese sentido, uno de los cambios clave es fortalecer el desarrollo de habilidades transversales, especialmente el pensamiento crítico, la capacidad de adaptación y la resolución de problemas complejos. Esto debe ir acompañado de una actualización de las metodologías de enseñanza-aprendizaje, integrando tecnologías de información, herramientas digitales y también inteligencia artificial, no solo como contenidos, sino como parte del proceso formativo.

Por otra parte, la internacionalización también debe repensarse. Ya no puede limitarse únicamente a la movilidad física, sino que debe ampliarse hacia experiencias de colaboración virtual, trabajo en redes globales y exposición a contextos diversos, lo que permite formar profesionales con una mirada más amplia y competitiva.

Desde universidades como la Universidad de Santiago de Chile, el desafío es avanzar hacia modelos formativos más dinámicos e integrados, que preparen a los estudiantes no solo para el presente, sino para un entorno laboral en constante transformación.

¿Cómo se puede fortalecer la formación de capital humano altamente especializado en un contexto de cambios acelerados?

 Fortalecer la formación de capital humano altamente especializado en un contexto de cambios acelerados requiere avanzar decididamente hacia un enfoque de aprendizaje a lo largo de la vida. Hoy la formación no puede concentrarse solo en el pregrado, sino que debe ofrecer trayectorias continuas y flexibles que permitan a las personas actualizar y profundizar sus conocimientos en distintos momentos de su desarrollo profesional.

En ese sentido, las universidades tienen un rol clave en ampliar y diversificar su oferta, a través de cursos de especialización, diplomados, postítulos y programas de magíster o doctorado de carácter más tecnológico o profesional, orientados a públicos específicos, especialmente a sus propias egresadas y egresados. Esto permite responder de manera más ágil a las necesidades de un entorno laboral dinámico y en permanente transformación.

Al mismo tiempo, es fundamental fortalecer la vinculación con la comunidad. La generación de conocimiento debe ir acompañada de estrategias de comunicación efectivas, en lenguaje claro y a través de medios pertinentes, que permitan acercar estos contenidos no solo a especialistas, sino también a la sociedad en general.

Desde espacios como la Universidad de Santiago de Chile, el desafío es articular estas dimensiones para avanzar hacia una formación más continua, accesible y conectada con las necesidades reales del país, contribuyendo así al desarrollo de un capital humano preparado para enfrentar los cambios del futuro.

El futuro de la ciencia, la educación y la innovación también se construye desde el liderazgo de las mujeres. No solo como una cuestión de equidad, sino porque la diversidad en la toma de decisiones mejora la calidad, la pertinencia y el impacto de lo que hacemos. El desafío es avanzar hacia espacios donde más mujeres puedan formarse, desarrollarse y liderar, conectando el conocimiento con las necesidades reales de la sociedad y contribuyendo así a un desarrollo más inclusivo, sostenible y con visión de futuro.

Revista Mujeres Σ Industria Abril/Mayo 2026