“En los últimos años, la cadena de proveedores mineros ha ganado mayor visibilidad como motor de la competitividad y la transformación del sector. Desde su experiencia liderando APRIMIN, ¿cómo ha cambiado la percepción de los proveedores dentro de la industria minera chilena y qué desafíos aún persisten para consolidar ese rol estratégico?”
Conversa con Revista Mujeres e Industria, Dominique Viera Past President Aprimin
Durante años, cuando hablábamos de minería pensábamos casi exclusivamente en las grandes compañías mineras, invisibilizando el rol que cumplen los contratistas y proveedores en la operación diaria, la innovación y la competitividad del sector. Y esa ha sido mi meta desde hace ya varios años. Crear conciencia de lo que verdaderamente es la minería y toda su cadena de valor.
En el pasado los proveedores quedábamos fuera de espacios clave: desde comitivas oficiales que viajaban a firmar acuerdos internacionales, hasta el diseño de políticas públicas. Se hablaba de minería sin incorporar a quienes ejecutan gran parte del trabajo en terreno. Eso, afortunadamente, ha comenzado a cambiar y las señales es la visibilidad que hemos logrado este último par de años.
Hoy existe mayor conciencia de que tres de cada cuatro empleos que genera la minería provienen de los proveedores, y que entre un 70% y 80% de las personas que trabajan en faena pertenecen a empresas contratistas. Si no incorporamos esa realidad en temas como capacitación, desarrollo de talento o productividad, simplemente dejamos fuera a la mayoría de la fuerza laboral de la industria. Dejamos fuera la capacidad de desarrollo y crecimiento exponencial que genera tener una buena red de proveedores, grandes, locales, startups; de todos necesitamos.
También ocurre que nos lamentamos porque a Chile le falta industrializarse. Pero no es posible hablar de desarrollo productivo o de estrategia país sin considerar a los proveedores. Son ellos quienes desarrollan tecnología, servicios, conocimiento y capacidades exportables. Excluir esa mirada conduce a diagnósticos incompletos y decisiones sesgadas.
Si algo hemos hecho bien como industria estos últimos años has sido hacer estrategia considerando a toda la cadena de valor. En ese sentido, valoro el trabajo realizado en los últimos años junto a equipos, socios, el Estado y el Ministerio de Minería. Hoy los proveedores están presentes en instancias tripartitas, seminarios, espacios de diálogo público-privado y discusiones estratégicas. Eso refleja un cambio relevante.
El principal avance es que hoy se entiende que la minería chilena no tendría el lugar que tiene en el mundo sin su cadena de proveedores.
El desafío ahora es consolidar ese rol no solo en el discurso, sino en políticas públicas, inversión en capacidades, innovación y una visión de largo plazo que integre a toda la cadena de valor.
Durante eventos como PERUMIN y Expomin, APRIMIN ha destacado temas como la innovación tecnológica, el relacionamiento internacional y la diversidad de género. ¿Cuál es su evaluación de los avances reales en estos ámbitos y qué brechas fundamentales aún hay por cerrar?
Hoy los temas están sobre la mesa; el desafío es llevarlos a escala.En espacios como PERUMIN y Expomin se ha avanzado en instalar con fuerza conversaciones que antes eran marginales: innovación tecnológica, internacionalización de proveedores y diversidad de género. Eso ya es un progreso relevante. Hoy nadie discute que estos temas son parte de la competitividad minera y rara vez se realiza un congreso sin que esos tres temas no se traten como pilares de la conversación.
En innovación hemos mostrado experiencias concretas: proveedores desarrollando soluciones en terreno, pilotos tecnológicos y mayor apertura de las compañías mineras a probar nuevas tecnologías. Aunque también hemos tenemos que darle fuerza a la comprensión que los proveedores también requerimos de bienes y servicios; siendo muchas veces la mejor puerta a tocar para desarrollar innovación o probar nuevos pilotos.
Sin embargo, la brecha sigue estando en la escalabilidad. Aún cuesta que una innovación validada en Chile pueda transformarse rápidamente en estándar operativo o en una solución exportable.
En relacionamiento internacional, los avances son claros. Hay mayor presencia de proveedores chilenos en ferias, misiones y espacios de cooperación, y un interés creciente por mostrar capacidades más allá del cobre. Pero todavía falta una estrategia país más coordinada, que entienda a los proveedores como embajadores tecnológicos de Chile y no solo como acompañantes de las grandes mineras.
Respecto a diversidad de género, hoy hay más mujeres participando en eventos, paneles y liderazgos. Sin embargo, la brecha sigue siendo estructural: la participación femenina aún es baja en cargos de decisión, en directorios y en roles técnicos críticos. Pasar de la visibilidad a la toma de decisiones es el gran desafío.
En síntesis el siguiente paso es más exigente: transformar estas agendas en políticas, incentivos y decisiones concretas que impacten productividad, competitividad e inclusión. La minería chilena tiene la oportunidad de liderar estos cambios, pero eso requiere acción sostenida, no solo buenas intenciones.
Chile enfrenta desafíos importantes para mantener su competitividad global en minería, especialmente frente a nuevos actores internacionales. ¿Qué rol cree usted que juega el ecosistema de proveedores en responder a esos desafíos, y cómo puede el país potenciar este rol de manera efectiva?
La competitividad minera de Chile se juega, cada vez más, en su ecosistema de proveedores.Frente a nuevos actores internacionales, con menores costos, procesos más ágiles, tiempo de permisos menores para realizar proyectos o fuerte apoyo estatal, Chile no puede competir solo por tamaño de yacimientos. Su verdadera ventaja está en el conocimiento, la tecnología y la capacidad de su cadena de valor. Allí se innova, se prueba y se aprende. Por eso, fortalecer a los proveedores no es un complemento de la política minera, es una condición para sostener la competitividad del país.
Para potenciar ese rol de manera efectiva, se requieren acciones claras. Primero, integrar a los proveedores en la estrategia minera desde el diseño, no solo en la ejecución. Segundo, reducir las barreras que hoy frenan inversión e innovación, como la excesiva permisología y la lentitud para escalar soluciones tecnológicas. Tercero, avanzar hacia una estrategia país que impulse proveedores de clase mundial, con foco en capacidades exportables, articulando al Estado, las compañías mineras, la academia y el mundo financiero.
Chile no va a sostener su liderazgo minero solo por sus recursos.
Lo va a sostener por su capacidad de desarrollar proveedores fuertes, innovadores y competitivos a nivel global. La minería del futuro no se juega solo en la mina, se juega en su cadena de valor. Y ahí Chile todavía tiene una enorme oportunidad si decide empujarla con convicción.

