Con una presencia femenina que ya supera el 24% en la gran minería y el 17% en las obras de empresas socias de la CChC, la industria enfrenta el desafío de adaptar herramientas y equipos que históricamente fueron diseñados bajo estándares únicamente masculinos.
Santiago, noviembre 2026.– El perfil de la fuerza laboral en la industria pesada chilena ha aumentado de manera sostenida. La inserción de mujeres en funciones operativas de alto riesgo, como la minería a gran escala, la construcción en altura y el mantenimiento de infraestructura crítica, alcanzó cifras récord durante la primera mitad de este año, consolidando una transformación estructural en sectores históricamente masculinizados.
De acuerdo con el último Monitoreo de Indicadores de Género de la Alianza CCM-Eleva, la participación femenina en las dotaciones de la gran minería en Chile alcanzó un histórico 24,1%, situando al país en un liderazgo internacional en la materia. En paralelo, cifras de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) posicionan la presencia de mujeres en torno al 17% en obras de empresas socias del gremio en la edificación e infraestructura. Sin embargo, esta mayor participación operacional ha puesto en evidencia un problema crítico en la seguridad laboral: la necesidad de equipamiento de protección personal (EPP) adaptado a la anatomía femenina.
Y es que, hasta ahora, tomando como ejemplo el trabajo en altura, el ajuste de los arneses debe considerar distintas características físicas (como la estructura ósea, la distribución de masa corporal o la morfología pélvica) para asegurar una protección adecuada y evitar molestias recurrentes en hombros y cadera que comprometan la movilidad de las trabajadoras o incrementen el riesgo ante maniobras complejas de rescate.
«El aumento de la presencia femenina en terreno no es solo un indicador de equidad o cuotas laborales; exige adaptar toda la cadena de valor de la protección laboral. Históricamente, el equipamiento anticaídas ha sido diseñado bajo percentiles y proporciones antropométricas masculinas. Operar con un equipo descompensado u holgado no solo genera fatiga y dolor corporal en jornadas extensas, sino que afecta directamente la efectividad del ajuste y la respuesta técnica del arnés ante una eventual caída», explica Carolina Oyarzún, Territory Manager Zonal Norte de Segma.
Ante esta brecha de seguridad ocupacional, la industria proveedora ha comenzado a replantear sus estándares de diseño hacia la tecnología ergonómica inclusiva. Este giro apunta a convertirse en una prioridad dentro de la salud ocupacional en Chile, en un contexto donde la retención del talento femenino y la reducción de la fatiga laboral se han transformado en desafíos estratégicos para las principales compañías del país.
Jorge Silva
Redes Sociales y Gestión de Prensa

