El problema no es qué ciencia priorizar, sino cuánto conocimiento estamos desaprovechando

María José Gallardo Nelson

Vicerrectora Investigación y Postgrado

Universidad de Atacama

Valeska Molina, Ex- Seremi de Ciencia,

Tecnología, Conocimiento e Innovación

de las regiones de Antofagasta y Atacama.

Mario Maturana Claro

Director Proyecto Centro de Gobernanza, Políticas y Gestión Pública

Universidad de Atacama

 

Seguimos discutiendo cómo repartir oportunidades en un sistema que genera pocos espacios para el capital humano avanzado que Chile forma.

 

El debate sobre financiamiento científico se ha concentrado en quién accede a postdoctorados y qué disciplinas deberían tener prioridad. Son preguntas relevantes, pero corremos el riesgo de repartir oportunidades escasas sin preguntarnos por qué seguimos creando tan pocas para aplicar el conocimiento producido a los problemas de nuestra sociedad. Reconocer trayectorias construidas también mediante innovación, desarrollo tecnológico o transferencia es un avance. Los papers importan, pero la ciencia genera valor de distintas maneras.

 

Podemos cambiar porcentajes o áreas prioritarias, pero cambiar quién obtiene una oportunidad no significa crear nuevas oportunidades. Chile ha invertido en formar capital humano avanzado, pero su carrera sigue entendiéndose como casi exclusivamente académica. ¿Cuántos doctores incorporamos a gobiernos regionales, ministerios, municipalidades o empresas? Quizás necesitamos ampliar los lugares donde Chile utiliza ciencia. La política pública de descentralización, orientada a perfeccionar nuestra democracia, ampliar la participación ciudadana y avanzar hacia un desarrollo territorial equitativo, enfrenta una brecha de capacidades regionales para asumir estos desafíos.

 

También importa qué capacidad queda en el país tras financiar investigación. Más que la nacionalidad de quien ejecuta un proyecto, importa qué conocimiento, metodologías, infraestructura o vínculos permanecen. El Estado puede definir desafíos estratégicos, pero quizá el punto no sea escoger disciplinas, sino identificar qué problemas necesita resolver Chile y qué conocimientos requiere. La complejidad de los problemas permite que una historiadora, un microbiólogo, una ingeniera o una astrónoma aporten a un mismo desafío. Es ahí donde la visión endógena de cada disciplina empieza a quedarse corta y puede convertirse en un freno al desarrollo.

 

Después de décadas formando capital humano avanzado, Chile debería preguntarse no solo cuánto cuesta hacer ciencia, sino cuánto nos está costando no utilizar todo el conocimiento que producimos.

 

Revista Mujeres Σ Industria Abril/Mayo 2026