Por Silvina Graziadio, VP de Marketing de Globalsat Group – www.globalsat.com
Los recientes incidentes registrados en operaciones mineras de Chile y Argentina evidencian la necesidad de fortalecer los sistemas de comunicación y seguridad en zonas remotas. En Chile, el último sistema frontal dejó trabajadores aislados, cortes de energía e interrupciones operacionales en diversas faenas de alta montaña, incluyendo Pascua-Lama, Los Pelambres, Caserones y Codelco Andina. En Argentina, cuatro trabajadores permanecieron atrapados durante más de tres noches en una camioneta bajo temperaturas de hasta -27 °C, perdiendo calefacción y conectividad al agotarse el combustible, mientras sus teléfonos satelitales apenas conservaban batería.
Aunque las circunstancias fueron distintas, ambos casos revelan una misma vulnerabilidad. Es decir, cuando fallan los accesos, la energía y los sistemas convencionales, mantener la comunicación resulta clave para proteger vidas y coordinar los rescates.
La comunicación satelital debe formar parte del sistema de seguridad y no ser vista solo como una herramienta operativa. Una infraestructura robusta requiere múltiples capas de respaldo, combinando sistemas instalados en vehículos e instalaciones con dispositivos portátiles e independientes, como teléfonos satelitales, radios PTT, rastreadores personales y equipos con botón SOS capaces de transmitir la ubicación de los trabajadores.
Los dispositivos personales y wearables agregan una capa adicional de protección, ya que pueden detectar caídas, períodos de inmovilidad o enviar alertas automáticas. Integrados a plataformas de monitoreo, permiten activar protocolos de emergencia incluso cuando el trabajador no puede comunicarse directamente.
La autonomía energética también es un elemento crítico. Cortes eléctricos, fallas de respaldo o falta de combustible pueden dejar inoperativas tanto las comunicaciones como la calefacción. Por ello, los equipos deben contar con baterías propias, cargadores portátiles y sistemas alternativos de generación y almacenamiento de energía. En ambientes de frío extremo, donde las baterías pierden rendimiento, su mantenimiento y reemplazo periódico deben incorporarse a los protocolos de seguridad.
Sin embargo, disponer de tecnología no es suficiente. Un teléfono satelital descargado, guardado dentro de un vehículo o mal utilizado pierde todo su valor. La preparación del personal y el entrenamiento continuo son tan importantes como el equipamiento.
Asimismo, la conectividad debe integrarse a procedimientos claros que contemplen reportes periódicos, monitoreo de posiciones, geocercas, alertas meteorológicas, pruebas de funcionamiento y criterios para escalar una emergencia. También es fundamental definir quién recibe las alertas y cómo se responde ante una pérdida de contacto.
La resiliencia en operaciones de alta montaña depende de combinar conectividad, autonomía energética, monitoreo y protocolos, de modo que, si falla una tecnología o una fuente de energía, exista otra alternativa disponible.
Ante el reciente sistema frontal, el Ministerio de Minería de Chile recomendó a pequeños mineros, entre otras medidas, suspender preventivamente las faenas en zonas de riesgo y verificar el funcionamiento de radios, teléfonos satelitales y otros sistemas de comunicación.
Más allá de las responsabilidades que determine cada investigación, estos episodios refuerzan la importancia de revisar los protocolos de prevención. Y es que, en alta cordillera, poder transmitir la ubicación exacta o emitir una alerta puede marcar la diferencia entre una búsqueda incierta y un rescate oportuno. Por ello, la comunicación satelital debe entenderse como parte de la infraestructura esencial para proteger vidas en la minería y en cualquier operación desarrollada en entornos remotos y de misión crítica.

