En un momento clave para el futuro de la educación superior en Chile, marcado por desafíos en financiamiento, equidad, salud mental y transformación tecnológica, el liderazgo en las universidades públicas adquiere un rol decisivo. En este contexto, la académica Andrea Mahn se posiciona como una de las figuras que busca conducir estos cambios desde la Universidad de Santiago de Chile, con una propuesta que combina compromiso público, enfoque de género e innovación institucional.
De ser electa, se convertiría en la primera mujer en asumir la rectoría de la Universidad de Santiago de Chile, un hito que no solo representaría un avance en términos de representación, sino también una oportunidad para impulsar transformaciones estructurales en gobernanza, inclusión y vinculación con el entorno productivo. Su candidatura pone sobre la mesa temas urgentes: el fortalecimiento del rol del Estado en la educación superior, la necesidad de diversificar el financiamiento con sentido público, y el desafío de formar profesionales preparados para un mundo atravesado por la inteligencia artificial y los cambios en la industria.
En esta entrevista con Revista Mujeres e Industria, Andrea Verónica Mahn Osses es Ingeniera en Alimentos y Doctora en Ciencias de la Ingeniería, académica titular e investigadora del Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos de la USACH. Actualmente se desempeña como Vicedecana de Investigación, Desarrollo y Postgrado de la Facultad de Ingeniería y es candidata a la Rectoría 2026-2030, nos profundiza en su visión de universidad, abordando cómo proyecta una institución más inclusiva, conectada con el desarrollo del país y capaz de liderar, desde lo público, los desafíos del presente y del futuro.
En el contexto actual de la educación en Chile, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrentan hoy las universidades públicas y cómo debería responder la USACH?
Las universidades públicas enfrentan hoy el desafío de defender y proyectar su rol en el desarrollo del país, en un contexto donde aún existen brechas en financiamiento, reconocimiento y equidad. Esto es especialmente relevante cuando hablamos de avanzar hacia instituciones más inclusivas, donde mujeres y diversidades tengan mayores oportunidades de desarrollo académico y profesional.
No podemos retroceder en los derechos conquistados en educación pública; por el contrario, debemos avanzar hacia un mayor compromiso del Estado con sus universidades, fortaleciendo su capacidad de generar conocimiento, innovación y movilidad social.
En este escenario, fortalecer el trabajo del Consorcio de Universidades del Estado de Chile es clave. La Universidad de Santiago debe asumir un liderazgo activo, promoviendo una agenda que no solo defienda lo público, sino que también impulse transformaciones en equidad de género, participación y desarrollo con sentido país.
¿Qué propuestas concretas plantea para fortalecer el financiamiento y la sostenibilidad de la universidad, resguardando su rol público?
La sostenibilidad de la universidad requiere una estrategia que combine su rol público con una diversificación de fuentes de financiamiento con propósito.
Proponemos avanzar en una política institucional de donaciones, que convoque también a mujeres líderes, egresadas y redes profesionales a contribuir al desarrollo de la universidad. Asimismo, es fundamental fortalecer el acceso a fondos internacionales, como los del Banco Interamericano de Desarrollo y fundaciones, incorporando proyectos que integren innovación, sostenibilidad y equidad.
Otro eje clave es la expansión del postgrado y la educación continua, con una mirada internacional y foco en América Latina, promoviendo además la participación de mujeres en áreas donde históricamente han estado subrepresentadas, como STEM y sectores industriales.
Finalmente, impulsaremos alianzas con universidades estatales regionales, generando proyectos conjuntos con impacto territorial, que integren desarrollo productivo, inclusión y oportunidades para mujeres en distintos territorios.
La salud mental se ha transformado en una prioridad en las comunidades universitarias. ¿Qué medidas impulsaría para abordarla de manera integral?
La salud mental debe abordarse de manera integral, considerando también las brechas y sobrecargas que afectan especialmente a mujeres, tanto en su vida académica como laboral.
Es fundamental fortalecer la formación integral del estudiantado, incorporando el deporte, la cultura y los espacios recreativos como dimensiones centrales del bienestar. Estos espacios son clave para generar comunidades más sanas y colaborativas.
Junto con ello, se debe robustecer la atención psicológica y los programas de acompañamiento, avanzando hacia una atención oportuna, con enfoque de género y considerando las distintas realidades de quienes forman parte de la universidad.
El desafío es construir una universidad que cuide a su comunidad, reconociendo que el bienestar es una condición para el aprendizaje, la innovación y el desarrollo.
Frente al avance de la inteligencia artificial, ¿cómo debería evolucionar la formación universitaria para mantenerse pertinente y competitiva?
La inteligencia artificial está transformando profundamente el mundo del trabajo y la producción, lo que nos exige repensar la formación universitaria con una mirada estratégica e inclusiva.
Como universidad, estamos actualizando nuestro modelo educativo, y el desafío será su implementación incorporando tecnologías emergentes, tanto en lo metodológico como en lo evaluativo.
Pero junto con ello, es clave asegurar que esta transformación no reproduzca brechas existentes. Debemos promover una mayor participación de mujeres en áreas tecnológicas, formando profesionales con pensamiento crítico, competencias digitales avanzadas y capacidad de adaptación.
La pertinencia hoy no solo se mide en innovación, sino también en la capacidad de formar talento diverso para los desafíos del futuro.
¿Cómo proyecta fortalecer la relación entre la universidad, la industria y el Estado para aportar al desarrollo productivo y mejorar la empleabilidad?
Fortalecer esta relación implica avanzar hacia una articulación más estratégica entre universidad, industria y Estado, con foco en el desarrollo productivo sostenible e inclusivo.
Impulsaremos alianzas estratégicas a nivel nacional e internacional, promoviendo espacios donde más mujeres puedan integrarse y liderar en sectores productivos, especialmente en aquellos donde existe menor participación femenina.
Asimismo, fortaleceremos el vínculo con nuestras y nuestros egresados, generando redes activas que faciliten la inserción laboral y el desarrollo profesional.
Un eje central será consolidar una política de transferencia tecnológica, que permita conectar el conocimiento generado en la universidad con las necesidades de la industria, promoviendo innovación, emprendimiento y mayores oportunidades de empleo, especialmente para mujeres.
De ser electa, sería la primera mujer rectora de la USACH. ¿Qué significado tiene este hito y qué sello imprimiría a su gestión en términos de liderazgo y gobernanza?
Ser la primera mujer rectora de la Universidad de Santiago sería, sin duda, un hito relevante, pero lo más importante es lo que ese hecho representa: la posibilidad de abrir caminos y transformar la forma en que ejercemos el liderazgo en la universidad.
No se trata solo de una primera vez, sino de avanzar hacia una institución donde el talento, las capacidades y las trayectorias no estén condicionadas por el género. Este hito debe traducirse en cambios reales, que permitan a más mujeres proyectarse en espacios de decisión, en la academia y también en su vínculo con la industria y el desarrollo del país.
Mi compromiso es ejercer un liderazgo colaborativo, transparente y con sentido de comunidad, fortaleciendo una gobernanza más democrática, con participación vinculante de los distintos estamentos. Creo en una conducción que escuche, que articule y que tenga la capacidad de tomar decisiones firmes cuando el proyecto institucional lo requiere.
El sello de mi gestión es avanzar hacia una universidad más inclusiva, con enfoque de género, que promueva la equidad en todos sus ámbitos, pero también hacia una institución moderna, conectada con los desafíos del país y capaz de liderar procesos de transformación con responsabilidad y visión de futuro.
“Porque más que un símbolo, este es un momento para generar cambios estructurales y duraderos.”

