Beverly Núñez
En Chile, poco más de la mitad de las mujeres en edad de trabajar participa del mercado laboral. de acuerdo con el índice Women in Work de PwC, Chile se ubica en el puesto 31 de 33 países de la OCDE analizados, como uno de los territorios con mayor rezago en igualdad laboral de género.
En la industria eléctrica y energética, el desafío es aún mayor, ya que la participación femenina en el sector alcanzó el 21,3% en 2024, según el estudio «Brechas de Género y Derechos Humanos en el Sector Energético» del Ministerio de Energía. Este sector es el tercero más masculinizado de Chile, después de la minería y la construcción.
Sin embargo, hay señales de cambio, ya que fuentes del Ministerio de Energía, señalan que el 75% de las empresas del sector ya cuenta con políticas de género. En ese contexto, historias como las de Beverly Núñez, Natalia Beltrán y Lissette Vega no son solo trayectorias individuales: son parte de una transformación que la industria necesita y que Legrand Bticino está construyendo desde adentro.

Beverly Núñez; de Colombia a Chile, construyendo liderazgo en la industria eléctrica
El año 2011, Beverly Núñez llegó a Chile con una maleta llena de experiencia y un proyecto de vida personal en construcción. Comenzó a trabajar muy joven en una empresa de transporte de carga en Colombia, rodeada desde el primer día en entornos mayoritariamente masculinos. Lejos de intimidarla, eso moldeó su carácter y agudizó su capacidad de gestión.
En noviembre de 2013 ingresó a Legrand Bticino como Gerente de Recursos Humanos, y desde el primer día supo que había llegado donde quería estar. «Fue como un match», dice sin dudar. La compañía le ofrecía algo más allá del cargo: la posibilidad real de compatibilizar su vida profesional con su proyecto de formar una familia.
Doce años después, Beverly lidera también el área de RSE (Responsabilidad social empresarial), también embajadora de Diversidad e Inclusión del Grupo Legrand ha tenido responsabilidad sobre operaciones en Perú y ha visto crecer la gestión de personas hasta convertirse en un pilar estratégico de la organización. «Estar 12 años en una compañía, eso ya no se da», afirma con convicción.
Desde el comité de dirección promueve también una cultura de corresponsabilidad: «Tengo colegas hombres que se retiran para atender a sus hijos, y no pasa nada. Y viceversa». Para ella, eso no es un privilegio, es la norma que deberíamos haber construido hace mucho.
En las distintas mentorías que realiza a jóvenes que buscan un espacio en la industria, Beverly les enseña: el liderazgo empieza mucho antes de la universidad, comienza el día en que alguien se atreve a creer en su propia voz, por ejemplo, cuando levantas la mano en clase, no esperes que el liderazgo se inicie con un cargo; significa atreverse a actuar, incluso cuando aún se está aprendiendo, cuando defiendes tu opinión, cuando decides que lo que quieres lograr es importante.
La industria eléctrica y digital busca personas que quieran construir soluciones reales, y ese es un espacio que se gana con preparación, carácter y convicción. Beverly es prueba de ello.

Natalia Beltrán; cuando la arquitectura y la ingeniería eléctrica hablan el mismo idioma
Cuando Natalia Beltrán ingresó a Legrand Bticino hace casi cuatro años, su conocimiento eléctrico era básico. «Ni siquiera tenía muy claro qué era un interruptor de cruzamiento», recuerda. Hoy lidera conversaciones técnicas y estratégicas sobre gestión energética, calidad de energía y operación de edificios en el tiempo, traduciendo este mundo a inversionistas, mandantes e ingenieros desde la lógica del diseño y el ciclo de vida completo de una edificación, conectando decisiones de diseño con cómo el edificio se opera y consume energía en el tiempo.
Su ingreso a la industria fue una consecuencia natural: venía de un diplomado en arquitectura sustentable y de certificarse como Passive House Designer, cuando llegó a una conclusión técnica clave: la eficiencia de un edificio no depende solo de sus materiales u orientación solar, sino de cómo se combinan las estrategias pasivas con los sistemas activos, y de cómo se concibe y gestiona su infraestructura eléctrica. En la práctica, eso implica integrar desde la especificación variables como calidad de energía, automatización de sistemas, medición de desempeño y compatibilización entre diseño arquitectónico e infraestructura eléctrica activa, porque estas decisiones influyen directamente en el consumo, la operación y los costos del edificio.
El camino implicó aprender un lenguaje nuevo: sistemas de distribución, normativas eléctricas y parámetros de rendimiento, y también demostrar el propio aporte. «Al venir de otra disciplina, a veces tienes que demostrar un poco más cuál es tu valor dentro de la conversación». Con el tiempo, esa mirada de frontera se convirtió en su mayor fortaleza.
Los edificios del futuro se perciben como sistemas vivos que gestionan energía, se integran a redes inteligentes y cumplen exigencias regulatorias de sostenibilidad. Para las arquitectas que miran hacia la industria, el mensaje de Natalia es claro: “la formación en eficiencia energética y gestión de infraestructura activa no es un desvío de la arquitectura, es una profundización de ella, porque permite proyectar edificios que realmente funcionan mejor en el tiempo”.

Lissette Vega; 14 años en la cadena que conecta proyectos con realidades
Lissette Vega llegó a Legrand Bticino el año 2011, comenzó en el área de certificación ha ido recorriendo distintas áreas de la compañía hasta consolidarse en el Despacho de Proyectos, donde la coordinación logística y la gestión de pedidos son piezas críticas que determinan si un proyecto se ejecuta en los plazos y condiciones que el cliente requiere.
«Ha sido un camino de aprendizaje continuo y de colaboración con distintas áreas para que los proyectos lleguen en las condiciones requeridas», describe. Eso significa que los proyectos que pasan por sus manos forman parte de la infraestructura que sostiene el funcionamiento diario de edificios, instalaciones y sistemas a lo largo del país.
Los mayores desafíos han sido gestionar proyectos con plazos exigentes y múltiples actores involucrados, mantener la operación fluida ante imprevistos y requerimientos urgentes, y adaptarse a cambios continuos en procesos, tecnologías y necesidades del mercado. Cada uno de esos desafíos dejó una huella técnica, humana y competencias que, según ella, “no se adquieren en un manual, sino en el día a día”.
Para Lissette, la motivación de trabajar en el mundo de la electricidad está “en que es una industria altamente técnica y en constante evolución», la inspira ser parte de una cadena de valor que impacta directamente en la infraestructura del país.
Si tuviera que definir en una frase lo que significa trabajar en esta industria, ella comenta, “en la industria eléctrica, cada despacho bien ejecutado es una solución que llega a otro espacio y lo transforma. Detrás de cada proyecto entregado hay una cadena de decisiones operacionales que muchas veces no se ven, pero que son indispensables para que el resultado final funcione”, comenta Lissette.
Elizabeth Carrión

