Por Elisa Becerra, Business Development Analyst de ChileGlobal Ventures, Fundación Chile.
El ecosistema de innovación chileno ha crecido con fuerza en la última década, pero persisten brechas estructurales que limitan la participación plena de las mujeres. Las fundadoras representan solo el 12% de los equipos en las Top 100 startups del país (Rockstart, 2022), y este fenómeno no es aislado, sino que refleja una tendencia global donde, según proyecciones de González (2025), menos del 10% de las startups cuentan con una mujer en el rol de liderazgo principal.
Las cifras no solo muestran presencia numérica, sino que revelan barreras profundas. Según DigitalDefynd (2024), existen tres factores clave que explican por qué no hay más mujeres emprendiendo, los cuales configuran una barrera estructural multidimensional que frena el potencial económico femenino.
En primer lugar, el acceso al capital sigue siendo crítico: mientras el financiamiento es el motor de cualquier proyecto, PitchBook (2020) estimó que las startups lideradas por mujeres reciben menos del 3% del capital de riesgo global, una disparidad que limita su escalabilidad y desincentiva la creación de nuevos negocios.
En segundo lugar, está el sesgo de género y estereotipos en el entorno inversor; investigaciones demuestran que las emprendedoras enfrentan más preguntas enfocadas en el riesgo y la seguridad que en el crecimiento durante sus presentaciones, lo que merma sus oportunidades de obtener fondos de manera eficaz (Higgins & Cornwell, 2016; Kanze et al., 2018). Finalmente, estas dificultades externas convergen con el desafío del balance laboral y de vida, dado que las normas sociales aún asignan a las mujeres la mayor carga del trabajo de cuidado no remunerado, reduciendo drásticamente su tiempo disponible para la innovación o la expansión internacional (CEPAL, 2020).»
Esta “carga invisible” no solo ocupa tiempo; consume energía creativa. Un estudio del OECD Centre for Entrepreneurship (2019) señala que las diferencias en el tiempo dedicado al cuidado y a responsabilidades familiares restringen significativamente la participación de mujeres en emprendimientos de mayor escala.
Paradójicamente, cuando las mujeres logran emprender, los resultados son notables. Un análisis en la International Journal of Entrepreneurial Behavior & Research (ScienceDirect, 2023) encontró que startups lideradas por mujeres exhiben mayor resiliencia ante crisis y mejores métricas de desempeño en fases tempranas.
Corregir estas brechas no es solo equidad, es estrategia. Redes de mentoría especializadas, educación financiera y sistemas de apoyo que redistribuyan las cargas de cuidado permitirían que más mujeres conviertan sus ideas en soluciones escalables. Programas como WA4STEAM y Female Founder Days han demostrado que, cuando se construyen espacios seguros de apoyo, las tasas de éxito de emprendimientos femeninos aumentan significativamente.
El emprendimiento femenino todavía responde a un sistema concebido bajo estructuras y normas que no las contemplaban como pares en el ámbito de la innovación y los negocios. El desafío no es solo de las fundadoras, sino de nosotros, los actores del ecosistema, en rediseñar las reglas del juego, actualizar temas regulatorios, organizacionales y culturales, para que refleje las nuevas formas de emprender, innovar y liderar, integrando de manera efectiva la diversidad de experiencias que hoy conforman el ecosistema.

